Si hay algo que incomode y escueza en los inicios (y a veces durante bastante tiempo…) a cualquier emprendedor que venda sus propios servicios, es el tema de poner precio a lo que uno hace. Especialmente cuando estamos hablando de servicios que van encaminados al bienestar, la salud, el desarrollo personal, etc. Es como si la palabra “ayuda” tuviera llevar el apellido de “gratis”.

En primer lugar decir que la ayuda puede ser gratis o no y lo que no puedes ser jamás es una ONG porque eso va en detrimento de tu propia valía como profesional. Entras en un círculo vicioso en el que acabas dando cada vez más por menos y el resultado es que la gente cada vez te exige más y no está dispuesta a pagar porque se han acostumbrado a lo gratis. Dicho de otra manera, atraes a un tipo de cliente que no es rentable y que tiene tendencia a poner poco de su parte incluso para aprovechar al 100% lo que le ofreces. Podríamos decir que acomodas a tus clientes y en servicios que tienen que ver con la mejora personal tanto física como emocional es lo peor que te puede pasar porque para que lo que haces funcione y dé resultados es necesario el compromiso de tu cliente.

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Emprender después de los 40: ¿cobrar o no cobrar a amigos y familiares?

Azucena Fraile Muñoz
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Azucena Fraile Muñoz

La coach de los profesionales que quieren reinventarse a los 40 at AzucenaFraile.com
De ingeniero superior de telecomunicaciones a coach y mentora independiente, desde 2011 ayudo a otros profesionales a dar el paso. Estrategia y superación personal para que consigas más dinero y más libertad con tu negocio de consultoría, coaching o terapias.
Azucena Fraile Muñoz
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