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Derribando el mito: ser tu propio jefe no es lo que piensas

No hace mucho asistí a un evento de la Asociación Española de Directivos en la que hubo una mesa redonda moderada por Antonio Garrigues Walker, una de las mentes más lúcidas que hay en España hoy en día, bajo mi punto de vista. Fueron muchas las cosas que se dijeron durante la mesa redonda y durante toda la jornada, todas ellas muy interesantes y relacionadas con el papel que realmente debe cumplir cualquier directivo.

Pero si hubo una frase que resumía todo el sentido de lo que allí se habló fue la que dijo el propio Garrigues:

«El directivo ha de preguntarse su papel en la sociedad. No tiene derecho al pesimismo y ha de afrontar los problemas en vez de esconderlos».

 

Puede que te estés preguntado…¿y qué tiene esto que ver con que yo sea mi propio jefe?. Pues mucho, porque ser tu propio jefe es convertirte en «directivo» de ti mismo y de tu empresa independientemente del tamaño, es decir, da igual si eres un profesional libre, emprendedor o un empresario con una plantilla de personas a tu cargo. Ahí está el error bajo mi punto de vista, es decir, pensar que lo de los directivos es otro mundo, que es algo que no tiene que ver contigo, que eso es de cargos en grandes multinacionales o algo parecido. Por lo tanto, ser tu propio jefe no tiene tanto «glamour» como te piensas.

Cuando a algunas de las personas que asisten a mis charlas y talleres de emprendimiento les pregunto por qué y para qué quieren emprender, en numerosas ocasiones la razón que alegan por encima de todas es un clásico: ser mi propio jefe.

Aunque parezca que me tiro piedras contra mi propio tejado, lo cierto es que a las personas que se acercan a este blog porque tienen el propósito de emprender o ya están en ello, me gusta darles un baño de motivación y optimismo con una buena dosis de realidad. Y es que al emprendimiento se le ha dado un toque de, me atrevería a decir «cuento de hadas», que no concuerda con la realidad a la que los que ya estamos inmersos en este mundo nos enfrentamos día tras día. Y una vez más me reitero en que más importante que la técnica es tu actitud para aprenderla y enfrentarte a todos esos obstáculos que ni siquiera la técnica va a solucionar porque emprender un negocio, como digo muchas veces, supone sumergirse en el maravilloso mundo de la incertidumbre. Lo de maravilloso puede tomarse con ironía o al pie de la letra y el que lo hagas de una manera u otra depende como digo de tu actitud.

Ser tu propio jefe aparentemente parece que es sinónimo de hacer lo que te dé la gana sin ataduras. Nada más lejos de la realidad. Cierto es que tienes una gran libertad para organizarte tu tiempo, que no tienes que fichar y que no tienes que rendir cuentas a nadie ni nadie te va a echar la bronca por nada de lo que hagas.

Pero con el cargo de ser tu propio jefe van una serie de responsabilidades que tienes que tener muy claras y que son las mismas que ha de tener cualquier directivo de cualquier empresa independientemente del volumen que ésta tenga, es decir, lo que te voy a contar es perfectamente aplicable a empresas unipersonales como a grandes organizaciones.

 

Conseguir trabajo

Cuando decides ser tu propio jefe nadie te va a traer el trabajo, todo lo contrario. Es tu responsabilidad traerlo a tu empresa. Por lo tanto tu actitud ha de ser totalmente orientada a la acción, a estar abierto, a exponerte, a salir a relacionarte y a buscar oportunidades. Lo que tú no hagas nadie lo va a hacer por ti.

Anticiparte a los cambios

Cuando decides ser tu propio jefe has de anticiparte a todo, es decir, tendrás que aprender a compaginar lo que haces ahora con lo que tendrás que hacer el año siguiente. Es decir, la improvisación aquí sólo tiene sentido cuando surgen obstáculos e imprevistos al plan que tienes, pero en todo momento has de saber adónde quieres ir, dicho de otra forma, qué quieres conseguir año tras año, cuál es el siguiente salto que quieres dar, qué mejoras quieres implementar, qué cambios vas a hacer en tu estrategia para mejorar tus resultados…En resumen, tienes que tener VISIÓN.

Cada cierto tiempo tendrás que pararte para analizar lo que ha pasado, dónde estás, si estás donde querías o te has desviado del camino y ajustar lo que sea necesario y todo eso como digo, con tiempo y anticipación.

Tomar tus propias decisiones

Financieras, estratégicas, comerciales… y algunas no son agradables aunque sean las necesarias en un momento dado para que puedas seguir adelante. Te puede tocar desde despedir a un empleado a cambiar tu modelo de negocio o tu nicho de mercado. Tú decides también quiénes son tus proveedores y poner de manifiesto tu malestar cuando algo no funciona como esperas o no se cumple lo acordado con ellos. Esto es en el fondo otra forma de despedir a alguien. Siempre digo que tus proveedores son parte de tu equipo. Decidir implica tener coraje no sólo para ejecutar la decisión sino para responsabilizarte del error y subsanarlo en el caso de que te equivoques. El «dar la cara» que tantas veces exigimos en personas que tienen cierta responsabilidad, te aplica también a ti. En realidad te aplica tanto si has decidido ser tu propio jefe como si no lo eres y está relacionado directamente con tu imagen y tu reputación.

Enmendar los errores sin buscar culpables

Como te anticipaba ya en el punto anterior, es imprescindible que asumas la responsabilidad absoluta sobre lo que haces. Si has elegido mal, rectifica. Si el mercado da un bandazo, adáptate.

Despotrica primero para sacar la mala leche, pero no te quedes ahí. Evalúa cómo es cada nuevo obstáculo y busca la manera de saltarlo. Apóyate para ello en las personas que sea necesario y valora su aportación.

Poner límites

Con tus clientes, con tus socios, con tu plantilla, con tus proveedores…tienes que tener muy claro el marco en el cuál quieres que se desarrolle tu negocio y cómo quieres que sean las personas que te acompañen en el camino. En mi artículo sobre cómo poner límites te cuento más en detalle por qué hacerlo y cómo.

Valorar el trabajo de las personas y crear equipo

Más que jefe has de ser líder. Líder de tu propio destino y del de tu empresa, lider de las personas que te rodean que al mismo tiempo tendrás que saber elegir bien.

Estas son sólo algunas de las responsabilidades que has de asumir para ser tu propio jefe. Puedes hacer tu propia lista de una manera muy sencilla: escribe en un papel todo aquello que te gustaría ver en un jefe y ponlo en marcha. ¿Te atreves a compartirlas en los comentarios? Ayúdame a ampliar la lista y completar este artículo. Gracias.

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4 comentarios en «Derribando el mito: ser tu propio jefe no es lo que piensas»

    • Gracias por tu comentario. Atraer clientes es un proceso, no es algo que se dé de manera inmediata. Dicho de otra forma, no pasas de 0 a 100 en cuestión de días. Lleva un tiempo. Estrategia y perseverancia son la clave. Ahíi cada uno también fija sus prioridades en cada momento y lo que le compensa y lo que no.
      Un abrazo

      Responder
  1. PONER LIMITES.
    CUANDO TIENES EN TU EQUIPO DE TRABAJO FAMILIARES DEMACIADO CERCANOS, BUENOS EN SU TRABAJO, PERO TIENDEN A CREER QUE TIENES OBLIGACION O DEBES TENER PREFERENCIA POR ELLOS PORQUE SON TU FAMILIA, SE MOLESTAN Y CAMBIAN RITMO DE TRABAJO Y ACTITUD.

    Responder
    • Gracias por compartir tu experiencia, Ana María. Esa es la gran dificultad cuando mezclas familia y trabajo. Precisamente entre los límites a poner o mejor dicho, normas, has de decidir si quieres o no trabajar con familiares y cómo lo vas a manejar y que esas normas sean acatadas por todos desde el principio. Normas escritas y firmadas a las que acudir ante cualquier conflicto. No es fácil, pero es la única manera.

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