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Cómo casarte con el éxito y ser felices

No te confundas, no vamos a hablar de matrimonio, la temática de este blog sigue siendo la misma de siempre.

Hace poco te hablaba del techo de cristal que las personas nos ponemos para autosabotearnos y no conseguir el éxito. En este artículo quiero seguir profundizando en el tema porque además de haberlo vivido en mis propias carnes y saber el nivel de frustración tan fuerte y desesperante que puedes llegar a sentir, es un problema que detecto en la mayoría de los clientes que empiezan a trabajar conmigo.

Lo tienes todo para conseguir el éxito que tanto anhelas: capacidades, talento, sabes ya lo que tienes que hacer y cómo, e incluso te pones a ello. Sin embargo los frutos continúan sin venir. Durante un tiempo piensas que el problema está en la gente que hay ahí fuera, pero lo que jamás tienes que olvidar es que la gente que atraes a tu negocio y a tu vida tiene mucho que ver con quién eres y con lo que proyectas en los demás.

Pero, ¿por qué nos autosaboteamos para no conseguir aquello que en el fondo queremos? Porque en el fondo estamos programados para conseguir un determinado tipo de logro cuyo tamaño va acorde al esquema mental que ha regido el patrón de nuestras vidas. Analiza cuál es el tuyo, si realmente has conseguido aquello para lo que tienes capacidad o te has quedado a medias.

Verás, tras mi experiencia, he llegado a la conclusión de que hay 3 enemigos clave que no te dejan casare con el éxito y ser feliz con él. Se disfrazan como amigos para engañarte y negarte la felicidad, porque el éxito, siempre lo digo, no es ni más ni menos que ser feliz y lo mismo da que tu ideal de felicidad sea estar bajo un cocotero con un negocio de daikiris en la playa, como con un imperio como Apple. Tú eliges. En cuestión de gustos no hay nada escrito y en cuestiones de cómo es feliz cada uno menos todavía. Recuerda que ser feliz es siempre una decisión personal.

Pero vayamos al lío…¿cuáles son los enemigos y cómo pararles los pies para que se vayan con la música a otra parte?

En primer lugar decirte que su manera de manifestarse es a través de voces…y no, no vamos a hacer espiritismo. Las voces de las que te hablo son tus voces internas, así que a partir de ahora entrena tu oído para escuchar lo que te dice la vocecilla «protectora», que tiene más peligro que una caja de bombas.

En cuanto a los enemigos hay varios, y en parte ya te hablaba de ellos en mi artículo Moscas y cristales, dale un vistazo aquí.

Pero en este artículo quiero hablarte de 3 que cuanto antes identifiques y pongas a raya, antes alcanzarás lo que deseas. Acércate y te lo cuento.

Sentirte inferior

Siempre digo que hay que analizar la competencia pero únicamente para aprender de ella. Si hay algo que frena a la mayoría de las personas que deciden emprender su negocio de servicios por primera vez, es pensar que los demás son mejores que tú y que precisamente por eso no te van a contratar a ti. Esto genera en ti un freno atroz, sí, atroz. ¿Por qué? Por la sencilla razón que te pones un techo muy lejano y difícil de conseguir y lo que es peor, piensas que hasta que no llegues ahí no vas a poder convertir tus esfuerzos en resultados. Lo típico…no estoy preparado, tengo que seguir aprendiendo, etc. Seguro que te suena la cantinela. Esto es típico en perfiles perfeccionistas: hasta que no llegues a ser un maestro no vas a poder tener éxito. Pues bien, olvídate de eso porque no hay maestro que no haya sido aprendiz y como aprendiz también conviertes resultados, probablemente menores, pero necesarios para entrenar el músculo receptor y eso tiene que ver precisamente con el segundo enemigo…

No abrirte a recibir

Si vas con la coraza del miedo a no estar a la altura, a no ser merecedor(a), a «para qué? si total así estoy bien», no pretendas que el éxito entre en tu vida. Es importantísimo que te sientas bien recibiendo y lo que suele pasar en negocios de servicios que nacen del disfrute que muchas personas tienen ayudando a los demás, es que tienen una tendencia mucho mayor a dar que a recibir. Das, das y das hasta que llegas incluso a vaciarte y cuando te toca recibir dices aquello de «no, no hace falta». O sea, te cierras en banda. Si no entrenas tu músculo de recibir te pasarás la vida dando y agotando tus reservas. Lo de los que dan recibirán hay que matizarlo porque puede ser una frase muy dañina ya que parece como si sólo eres bueno cuando das, pero piensa que si te niegas a recibir estás impidiéndole a otra persona que también dé. Es absolutamente necesario que haya un equilibrio. Por lo tanto, lo de los que dan recibirán, sólo funciona si se dan estas dos condidiones:

  • Si das en el lugar adecuado y a las personas merecedoras de lo que tú das.
  • Si cuando te toca recibir abres los brazos al máximo y además sientes un profundo agradecimiento.

[Tweet=»Si no entrenas tu músculo de recibir te pasarás la vida dando y agotando tus reservas.»]

Se trata de que aprendas a sentirte bien recibiendo porque sencillamente te lo mereces. Es importante que para ello tengas bien equilibrado el músculo complementario a recibir…que es el de dar, y eso pasa por tener claros tus límites de hasta dónde das y a quién. Poner esos límites es parte del entrenamiento del músculo de recibir. Así que ya estás tardando en ponerte a hacer gimnasia.

No celebrar las pequeñas victorias

Si cada vez que logras algo te parece que no es suficiente, tienes un grave problema. El mensaje que das es de que no aprecias lo conseguido, no le das el valor que se merece, por lo tanto, no esperes conseguir más. Éste es uno de los mecanismos más peligrosos para ponerte un techo que cada vez te cueste más rebasar y lo que es peor, el día que consigas rebasarlo (eso pasará si perseveras), ni te enterarás y creerás que todavía te falta para llegar, con lo cual hagas lo que hagas no te lucirá jamás.

A partir de ahora date un premio cada vez que consigas algo, por pequeño que sea. Exagera la celebración si hace falta al principio hasta que lo interiorices y te salga solo. Celebra cada punto del partido porque es a base de muchas pequeñas victorias como se llega a otra más grande.

¿Qué consecuencias tiene mantener a estos enemigos en tu mente? Pues que no te vas a hacer visible donde puedes realmente triunfar. Inconscientemente vas a apuntar a lugares erróneos, vas a poner en marcha estrategias erróneas porque así estarás confirmando tu patrón de funcionamiento que no es otro que el de la escasez. Déjate sentir las emociones del éxito en tu interior. El éxito sólo llega cuando te das permiso para recibirlo.

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