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4 recetas infalibles para superar la falta de disciplina

Como si te estuviera viendo…más que nada porque a veces también me veo a mí misma igual, lo confieso.

Juras, prometes, y todas sus variantes, que a Dios pones por testigo que jamás volverás a pasar hambre, digoooooo, que vas a ser constante y todos los días vas a hacer «esto» o «aquello», siendo el «esto» contactar con nuevos clientes potenciales y el «aquello» ofrecerles tus servicios. Luego también está el «otro» que es el seguimiento…

Pero lo cierto es que pasan los días y el «juro» o «prometo» se queda en un «bueno, ya lo hago mañana si eso…», porque al final has encontrado algo «más importante» que hacer como retocar tu web, buscar a un proveedor que vas a necesitar a lo mejor dentro de 8 meses, contar uno por uno tus seguidores de facebook o simplemente poner los garbanzos a remojo para el cocido que quieres meterte entre pecho y espalda mañana para comer. Sí, la lista de perdices a marear es de lo más variopinta además de infinita.

La consecuencia de todo eso es que acabas el día con la sensación de no haber hecho nada de lo que querías hacer. Lógico, has dado prioridad a tareas que no eran prioritarias.

La disciplina es el arte de saber lo que es prioritario en cada momento en tu trabajo y hacerlo y eso pasa por decir NO a todo lo que te pueda distraer de llevar a cabo esa acción.

Si todavía estás ahí leyendo estas líneas, déjame que te diga una cosa: si quieres emprender con éxito has de liderarte a ti mismo y ese liderazgo empieza por sobreponerse a la pereza, al miedo y a la vergüenza y enfocarte en aquello que es vital para que tu negocio ruede. Y tu negocio sólo rodará si dedicas al menos un 50% de tu tiempo a la venta y la promoción.

Sí, has leído bien. Ahora párate un momento, sé honesto contigo mismo y confiesa cuántas horas al día dedicas a hacer lo que tienes que hacer. Hazte a la idea que esto es lo mismo que si quieres quitarte unos kilitos de encima y tienes que reconocer cuántos dulces mojados o no en chocolate y cuántas cervezas con sus correspondientes tapas te zampas al cabo de la semana. Esta situación suele agravarse cuando, por si fuera poco, tu casa es tu oficina, no sólo por las distracciones sino porque tienes la nevera a tiro de piedra y salvo que la tuya haga eco como la mía, las tentaciones para zampar a cada minuto son altas.

Sí, lo reconozco, hoy estoy en modo sargento pero si me aguantas todo el artículo me lo vas a agradecer.

Te digo cómo solucionar el tema, que es de lo que se trata…

Para modificar un comportamiento es imprescindible que primero de todo reconozcas qué es lo que estás haciendo que no deberías hacer y que te respondas a una pregunta que es un clásico que todos los coaches usamos hasta casi resultar cansinos, pero es que es fundamental responderla si quieres de verdad empezar a hacer cambios:

¿qué te impide hacerlo?

 

Aquí es importante que ahondes en tus emociones. No pasa nada y créeme que aunque en este artículo esté siendo especialmente cañera, nadie como yo puede entenderte porque en mis inicios tenías que haberme visto…hacía de todo menos vender.

Todo lo relacionado con la venta te incomoda porque te expones al rechazo, a la crítica, pones a prueba tu valía… y para evitarlo haces todo lo que no hay que hacer. Luego sí, lo sé, te lamentas porque no tienes clientes. Y es que los clientes no llegan si no hay una acción enfocada y constante hacia la venta. Evidentemente luego pueden fallar otras muchas cosas, pero aún así, aunque todo lo demás estuviera mal, tendrías muchas más probabilidades de conseguir más clientes.

Reconocer tus propios miedos e inseguridades, aunque parezca mentira, te hace mucho más fuerte y además te pone en actitud de retarte a ti mismo para superarlas. Bien, ¿por dónde empezar?

1.- Simplifica

Enfócate en un tipo de cliente y céntrate en la venta de un determinado servicio que ese cliente pueda estar demandando. El hecho de tener que vender muchas cosas ya agobia. Es preferible que te centres en vender una que en vender 4, especialmente cuando estás empezando. Puedes tener otros servicios en la recámara como segunda opción pero nada más. No pruebes millones de cosas a la vez. Céntrate en una y vete a por ella contra viento y marea.

2.- Ponte objetivos a corto plazo

Como mucho al mes. Esos objetivos han de incluir número de personas contactadas, número de reuniones de venta y facturación. Si te atreves, ponte objetivos semanales en esa línea. A partir de ahí además irás teniendo una estadística de cuántas personas de las que contactas se interesan en tus servicios y cuántas ventas cierras, lo que te dará una cifra muy valiosa de cara a reajustar tus objetivos. Normalmente hay que contactar con muchas personas para cerrar una venta y ese desfase es mayor cuanto mayor sea el coste de tus servicios.

3.- Huye del perfeccionismo

No esperes a tener tu mensaje de venta perfecto, ni a tu cliente bien definido. Lánzate y vete ajustando por el camino. No se trata de que salgas a vender de cualquier manera, un mínimo de preparación es necesario, pero no esperes a tenerlo todo perfecto. Piensa una cosa, tu cliente va a ser tu mejor maestro y si eres hábil y humilde al mismo tiempo, vas a aprender gracias a él qué es lo que necesitas mejorar.

4.- Educa tu mente

Frases como «tengo tiempo de sobra» o «bueno, aunque no termine hoy mañana aún tengo tiempo» son veneno. Educa a tu mente en la rapidez de ejecución. Ponte un límite de tiempo para hacer cualquier tarea. Cuando a tu mente le dices «tengo que terminar esto en 30 minutos» ella solita se programa para acabar en ese tiempo. Tú eres tu peor enemigo porque todo el rato vas a ofrecerte a ti mismo tentaciones que después pagarás caro. El viejo refrán del «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» será tu mejor aliado para empezar a pensar en quitarte tareas de encima en vez de acumularlas y dejar de hacerlas porque ya habrán perdido todo el sentido para el que fueron pensadas.

Y por último…prémiate por cada logro con aquello con lo que más disfrutes. Celebra que lo has conseguido porque eso te dará fuerzas para volver a repetirlo al día siguiente.

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