¿Hasta dónde llega tu nivel de exigencia?

En un mundo tan competitivo como el que vivimos, es fácil caer en el error de tener un nivel de exigencia con uno mismo que lejos de ayudarnos a conseguir lo que queremos en la vida, lo único que nos hace es ser infelices. Con esto no estoy diciendo que haya que vivir alejado de la realidad y en modo, podríamos decir, “happy flower”, no 😉 Digamos que el arte está en conseguir un equilibrio entre lo que quieres, cuándo lo quieres y cómo dosificarte para no superar tus propios límites sin romperte por culpa del estrés. Me explico…

Tener tu propio negocio es una carrera de fondo y como tal, hasta que consigues correr la maratón, antes has tenido que correr otras carreras más cortas que podríamos considerar como metas intermedias que te preparan para llegar ahí. Pasar de 0 a 100 y sin calentamiento es la mejor manera de romperte y lo digo en sentido literal  por una sencilla razón: te estás generando un estrés que sin darte cuenta se va acumulando hasta que llega un día en el que tu cuerpo se rompe por alguna parte (y creéme si te digo que sé de lo que hablo…)

Me dirás, vale Azu, eso es muy fácil en el papel, pero en la práctica hay una necesidad imperiosa de tener resultados. Es cierto y precisamente eso es lo que puede llevarte a exigirte a un nivel para el que no estás aún preparado o, voy más allá, a hacer algo que crees que deseas y/o no está destinado para ti. Aunque resulte paradójico, cuanto más te exiges y cuanta más presión te metes más fácil es que te bloquees y más difícil es que consigas lo que quieres porque estás funcionando con el patrón del miedo a perder, es decir, el patrón de la escasez. Desgraciadamente es una pescadilla que se muerde la cola. Es importante soltar tus miedos y para ello nada mejor que escuchar a tu voz interior y a tu cuerpo lo que te dicen. Tu mente puede engañarte pero tu cuerpo jamás, tenlo siempre en cuenta.

 

¿Qué hacer entonces para encontrar el equilibrio y no agobiarte?

 

1. Ponte objetivos acordes a tus deseos y capacidades

Seguro que no es la primera vez que oyes esto y me atrevo a decir que caes una y otra vez en el error. ¿Por qué sucede esto? Por una sencilla razón: te pones los objetivos con lo que te dice tu cabeza que deberías conseguir en vez de con lo que te dice tu voz interior, que es la realmente sabia, y te dice que es lo que realmente está a tu alcance en este momento. Eso no significa que no aspires a más y por eso es importante que tengas una visión a largo plazo de dónde quieres estar pongamos, dentro de 3 ó 5 años. Volviendo al símil de la carrera que te comentaba al principio de este post, se trata de que te prepares poco a poco con el objetivo de correr la maratón, pero no cualquier maratón, TU MARATÓN, no la del vecino sino la que realmente deseas y que tiene mucho que ver con tus ambiciones y con cómo quieres que sea tu estilo de vida. No pretendas convertirte en quien no te corresponde y con esto paso al siguiente punto…

A la hora de ponerte objetivos escucha a tu corazón y no a tu cabeza. Clic para tuitear

2. Esfuérzate por hacerlo mejor y no perfecto

Compite contigo mismo, esfuérzate por hacerlo hoy mejor que ayer, poco a poco, disfrutando en el camino y a tu ritmo. No porque veas correr muy rápido al de al lado significa que tú estés preparado para correr a su misma velocidad, es más, a lo mejor ni siquiera eres velocista porque lo tuyo son las carreras de fondo y para eso es importante saber dosificarse y no perder de vista la estrategia que tu carrera requiere.

Si te empeñas es en hacerlo todo perfecto, estás entrando en el patrón de la exigencia. Ponte retos de esos que te motiven y te pongan las pilas y no te olvides nunca de hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Para qué lo hago?
  • ¿Me acerca o me aleja de mi objetivo?

Repasa de vez en cuando cómo quieres que sea tu estilo de vida (visión) y tus valores para no perder el norte porque en el fragor de la batalla es fácil meterte por un camino que te aleja de ella.

3. Modera tus expectativas

El exceso de expectativa es algo que nos lleva también a exigirnos demasiado y también a ponernos vendas en los ojos que justifiquen nuestras decisiones. Cuando pones en algo una expectativa demasiado elevada puedes caer en la trampa del “nunca es suficiente” y llegar incluso a no valorar los pequeños triunfos que vayas consiguiendo por el camino entre otras cosas porque ni siquiera los ves. Con esto no te estoy diciendo que no tengas ilusión ni que no esperes grandes cosas de tus acciones, porque es importante. Ahora bien, la manera de hacerlo según mi experiencia, es poner la expectativa no en una acción concreta con un determinado cliente o con un determinado proyecto, sino en tu capacidad para generar múltiples posibilidades que estén todas dentro de un mismo foco, el que sea que hayas elegido para ser feliz.

Pon tus expectativas en tu capacidad para generar múltiples posibilidades y no en una acción… Clic para tuitear

Por último, no desfallezcas porque todo esto lo vas a ir aprendiendo con la práctica y siempre te vas a meter en charcos que aunque no te correspondan, te van a ayudar a crecer, a que aprendas a poner límites mejor la próxima vez (a tiempo y de manera firme) y a pasar al siguiente nivel al que te toca llegar en tu camino. No olvides que nada cae en saco roto y que nada sucede por casualidad, al contrario, todo es consecuencia y a veces es necesario para que avances después de forma más rápida por el camino que está destinado para ti.

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Azucena Fraile Muñoz
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Azucena Fraile Muñoz

La coach de los profesionales que quieren reinventarse a los 40 at AzucenaFraile.com
Especialista en habilidades de liderazgo y comunicación, Azucena ayuda a emprender con éxito a consultores, coaches, terapeutas, profesionales de terapias dirigidas a la salud y bienestar u otros profesionales de servicios que quieren continuar su carrera por su cuenta para conseguir mayor independencia y satisfacción personal.
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